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Tratamientos estéticos: Radiofrecuencia y rayos infrarrojos

La radiofrecuencia unipolar, bipolar u octipolar –nombre que recibe según el número y la distancia de los electrodos de sus cabezales y la profundidad de su acción– no es más que una radiación electromagnética que genera intensas vibraciones en las moléculas de agua contenidas en los tejidos, calentándose por fricción entre ellas.

Su objetivo fundamental es conseguir un calentamiento sostenido de la dermis, entre 55 y 60° C, de la zona tratada, para atacar los nódulos celulíticos. Promueve, además, la producción de colágeno. En dos palabras: quema grasa y reafirma tejidos, nunca músculos. Presentada como la panacea estética del último lustro, aparatos como el Endymed 3 Deep, Accent, Thermacool, Velashape o el Photogen System, la emplean sola o combinada con otras técnicas como recurso estético para remodelar siluetas y reafirmar rostros sin necesidad del bisturí.

Se trata de una tecnología segura que debe ser siempre aplicada por especialistas, por dos razones principales. En primer lugar, los resultados varían mucho de un paciente a otro, dependiendo de quién aplique el tratamiento, y en el 25 % de los casos éstos no son satisfactorios, aunque se utilice el mismo aparato, se realice el mismo número de sesiones o las circunstancias clínicas sean semejantes. En segundo lugar, porque mal empleada puede provocar un calentamiento excesivo, dañar las glándulas vitales que están poco protegidas y producir quemaduras.

Nunca hay que aplicarla sobre la zona de la tiroides, cuya actividad puede verse afectada por el calentamiento interno que produce; es incompatible con la aplicación de cualquier tipo de anestesia; es imprescindible ir tomando la temperatura de la piel con un termómetro láser para evitar que se sobrepasen los 44° C. En cuanto a sus críticas, hay algunos estudios que sugieren que sesiones muy frecuentes y repetidas de radiofrecuencia, tanto corporales como faciales, pueden favorecer el engrosamiento de las capas más profundas de la piel, pero es un efecto que todavía no se ha podido demostrar de modo fehaciente.

Diagnóstico serio y exhaustivo y buena praxis vuelven a ser la piedra filosofal en el uso de esta jovencísima tecnología, que se comercializa bajo muchos nombres y que será en el futuro cuando se vea realmente hasta donde llegan sus virtudes y cuáles son sus limitaciones.

 

Touch light: Lo último en aparotología

Bajo el nombre de Aura, ha irrumpido en los centros de estética más importantes del mundo lo último en tecnología basada en la emisión de rayos infrarrojos. Utilizados durante años para paliar dolencias óseas y musculares, son un recurso perfecto para reafirmar cuerpo y rostro sin contraindicaciones ni dolor. Este nuevo equipo incorpora un sistema de luz inteligente, denominado Touch light, que produce un calentamiento selectivo y controlado de la piel, capaz de regenerar el colágeno y devolverle a los tejidos la tersura perdida con un porcentaje de éxito del 98%.

Es perfecto para reafirmar el óvalo facial tras una enfermedad o un régimen de adelgazamiento o como fórmula para reparar la flacidez de piernas, brazos y glúteos. Son necesarias unas seis sesiones, aunque en terapia facial los resultados se ven desde la primera.

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