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Dietas, sobrepeso y obesidad - Características - Aspectos a considerar

El peso corporal se mantiene según la diferencia entra la cantidad de calorías ingeridas con los alimentos y las consumidas mediante la actividad física. Cuando estos elementos no se encuentran en equilibrio, puede registrarse aumento o descenso de peso. El primero supone grandes riesgos para la salud.

La dieta constituye el tratamiento fundamental para la obesidad, y se basa en un doble concepto:

- Cuantitativo, relativo a la necesidad y el deseo de comer. El obeso en tratamiento puede y debe comer para calmar su hambre y satisfacer su apetito.

- Cualitativo, relativo a la elección de los alimentos, lo cual completa el concepto anterior: comer hasta estar satisfecho, pero alimentándose en forma adecuada.

La causa del sobrepeso es una alimentación hipercalórica –excesivas calorías– con relación a la actividad física desarrollada. Una vez alcanzado cierto grado de obesidad, basta un exceso diario muy pequeño de calorías extras para que el peso se mantenga o aumente. Es importante comprender que el sobrepeso no se produce como consecuencia del consumo de grasa, sino del consumo excesivo de calorías, ya sean de origen graso, proteico o de carbohidratos.

Estos conceptos fundamentales requieren conocer el valor calórico de los alimentos y el origen. Cien (100) calorías procedentes del pan, cien (100) calorías de aceite, cien (100) calorías de carne y cien (100) calorías de una ensalada, tienen destinos diferentes en el organismo y no se comportan del mismo modo en los depósitos grasos. El aporte excesivo de azucares, de harinas, de sustancias grasas y de alcohol se transforma en triglicéridos. Las proteínas no sirven como combustible. La celulosa –componente esencial de las legumbres verdes– tampoco sufren ninguna transformación, y sin embargo es indispensable para el funcionamiento intestinal y favorece la eliminación de los desechos del organismo.

Se puede así delinear el perfil general del régimen indicado en la obesidad común:
- Consumo abundante de proteínas y fibras.
- Supresión del alcohol
- Reducción de los glúcidos y de los lípidos.

Sepamos que no hay obesidad, sino que existen obesos. No constan dietas para tratar la obesidad, sino una para cada obeso. Y debe personalizarse en función de varios factores:

1) La constitución física: no se puede prescribir un mismo régimen a dos personas de constitución muy distinta.

2) La profesión, que se relaciona con la actividad física: El régimen prescrito a una empleada de oficina no será el mismo que a una camarera muy activa, ya que ambas consumen diferentes cantidades de calorías.

3) El peso inicial: Los dietistas o nutricionistas no se ponen de acuerdo con respecto a este punto. Algunos prefieren prescribir una dieta muy drástica y luego ir flexibilizándola, a medida que el paciente adelgaza. Otros prefieren iniciar el tratamiento con una dieta suave, para intensificarla luego en función de la pérdida de peso.

En la práctica, pueden distinguirse cuatro tipos de pacientes (hombres y mujeres):

Sobrepeso: los que deben perder de 1 a 10 kilos.

Obesidad tipo 1: los que tiene que tiene entre 10 y 20 kilos de más.

Obesidad tipo 2: los que tienen que perder de 21 a 30 kilos.

Obesidad tipo 3: los que deben perder más de 30 kilos.

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