Ir a Página de Inicio

Los caracoles y sus beneficios para la dieta y la salud - Receta con caracoles


Los caracoles son una farmacia natural que ayuda a curar úlceras y combatir afecciones como el asma, la gota o las hemorragias nasales. Francia es el primer consumidor mundial de este manjar gastronómico, mientras que en algunas regiones casi no se conoce.

Cuentan las crónicas que fue en Tarquemia, una pequeña ciudad toscana no muy lejos de Roma, donde se estableció el primer lugar de cultivo. Eran suelos húmedos, debidamente parcelados y a resguardo de los vientos, en los que los caracoles se engordaban con vino y salvado. Pretendía su artífice, Fulvius Hirpinus, el mayor especialista en gasterópodos de la época, asegurar el suministro del Imperio y, al mismo tiempo, complacer de por vida el exigente paladar de  césares y patricios. Había nacido la primera granja de caracoles de la historia y con ella la helicicultura (cría de caracoles).

Caracoles: Su fama viene de lejos
La moda de los caracoles recién desembarca en algunos países de la mano de la cosmética, pero viene de antaño que los caracoles, además de deleitar el paladar, son una preciada fuente de sustancias medicinales. En forma de cataplasma, caldos, jarabe o cremas, incluso machacados para ser untados directamente sobre el cuerpo. Ya en la Antigüedad se utilizaban para curar el asma, la gota y la hemorragia nasal, entre otras afecciones comunes. A su baba se le atribuyen efectos reparadores en las paredes del estómago y lubricantes en las vías pulmonares, bronquiales y garganta.

Beneficios naturales de los caracoles

 

Algunas de estas creencias, recuperadas luego por los viejos galenos del renacimiento, se han visto hoy confirmadas en los laboratorios. En Bélgica, donde la farmacopea moderna convive hoy sin mayores recelos en la tradicional, se está desarrollando un preparado con proteínas del caracol cuya indicación no es otra que reconstruir la mucosa gástrica dañada y curar la úlcera. No menos desconocida es su habilidad para transformar proteínas vegetales (son herbívoros) en proteínas animales de gran calidad biológica y gastronómica. Su carne, baja en grasa y colesterol, contiene altas dosis de minerales como cinc (Zn), cobre, hierro y calcio, necesario en las primeras etapas de la vida para evitar el raquitismo.

Y no sólo eso: actualmente los caracoles se utilizan en la elaboración de cosméticos. Uno de los productos más novedosos del mercado cosmético es un extracto elaborado con las proteínas del molusco que da firmeza y vigor a la piel. Como tantos otros hallazgos, su descubrimiento fue fruto de la casualidad. Un cultivador de caracoles chileno se percató de que sus extremidades se habían tornado más suaves de lo normal y que los pequeños cortes y heridas que se hacía al manipular las jaulas y las conchas de los animales no sólo se curaban antes sino que nunca se infectaban. El resto fue cosa de la ciencia, generando derivados cosméticos del caracol que rejuvencen la piel y borran las imperfecciones cutáneas.

Caracol: sano, muy sano por dentro y por fuera - La cocina y el caracol
Es el lema de los cultivadores cuando hablan de los potenciales beneficios que aportan los caracoles al organismo. “Y si van a acompañados de una salsita picante, mejor”. O caracoles al horno. O caracoles con frutas y quesos, como gustaban los nobles de la Galia romana.

Carne de cuaresma. No fue hasta el siglo XIX cuando el caracol, ligado durante decenios a la cuaresma (los católicos lo apreciaban porque ni es carne ni es pescado), comenzó a recobrar el prestigio gracias a un gastronómico anónimo que en 1814 lo puso de moda entre los miembros de la nobleza como Alejandro I. Del Zar se hablaba como un consumado devorador de caracoles, capaz de devorarse, él solito, dos kilos de una vez.

Receta recomendada con caracoles: Caracoles y pollo al ajillo

Ingredientes: un pollo trozado y limpio de 1.2 kilos. ½ kilo de caracoles limpios, 3 dientes de ajo (1 entero, 2 laminados), 300 gramos de cebolla en julianas, 3 hojas de laurel, 300 ml de aceite de oliva, 150 ml de vino blanco torrontés, perejil picado, sal y pimienta de molinillo.

Preparación: cocer los caracoles en agua con un diente de ajo, una hoja de laurel y unos granos de pimienta negra durante unos 10 minutos aproximadamente. En una cazuela calentar un poco de aceite y rehogar el ajo laminado hasta que se dore; retirar. Cocinar la cebolla 10 minutos y reservar. En el mismo aceite, freír poco a poco los trozos de pollo previamente salpimentados. Una vez que estén dorados, añadir los caracoles escurridos y aclarados, el ajo, la cebolla, el laurel, el perejil picado y el vino blanco. Dejar reducir unos minutos, rectificar de sal si fuera necesario y servir.

CuerpoyEstetica.com - Copyright ® 2014 - Todos los derechos reservados.