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Pieles sensibles - ¿Cómo cuidar las pieles muy sensibles?

Muchos expertos las califican de pandemia. ¿Por qué hay cada vez más pieles sensibles, reactivas o alérgicas? Especialistas de todo el mundo son unánimes en su respuesta: el estrés, la contaminación ambiental y el uso de productos químicos en exceso y cosméticos inadecuados han provocado el alarmante aumento de la sensibilidad cutánea en la mayoría de sus versiones. Tan sólo entre un 5 y un 10% de los casos de pieles sensibles son de origen genético. El porcentaje aumenta hasta el 30% de la población cuando se trata de un problema adquirido por causas internas: nervios, ansiedad, mala alimentación; o externas: productos químicos, cosméticos mal adaptados, polución, agresiones climáticas.

Los factores que despiertan la sensibilidad son comunes y generalizados para todas las epidermis, sin embargo, no todas las piles sensibles son iguales ni reaccionan del mismo modo. En esto, como en todo, hay grados y clasificaciones. Existen pieles sensibles, intolerantes y alérgicas.

Entre las pieles sensibles se encuentran aquellas que toleran poco las diferentes agresiones externas que sufren, desde los rayos solares, frio, viento, los microorganismos o los agentes químicos. Se enrojecen con facilidad, tienden a la couperosis (alteración vascular de las arteriolas y las vénulas) o a la descamación, pero que si se tratan con los cosméticos adecuados, se muestran agradecidas de inmediato y se normalizan sin problemas.

Las pieles intolerantes, también conocidas como pieles reactivas, son aquellas que han perdido la capacidad de autodefensa y reaccionan de forma exacerbada frente a los estímulos.

Por último, las pieles alérgicas son las que padecen una patología de base o adquirida y se rebelan de inmediato con picores, pruritos, descamación, ante el agente causante de sus males: metales, productos químicos, plantas.

La química es indispensable para la formulación de los cosméticos y productos de higiene y limpieza que usamos habitualmente. El problema está en que muchos de estos artículos de uso común contienen colorantes, conservantes y aromatizantes o perfumes capaces de derrumbar las barreras epidérmicas con las defensas más altas. Son enemigos camuflados en la letra minúscula de las etiquetas de champús, cremas, tintes, jabones y geles de baño.

¿Cuáles son las sustancias tóxicas más comunes en productos cosméticos? Los glicoles, de uso común en muchos geles y champús que irritan la piel y contaminan las aguas sin remisión; los archinombrados parabenes, que alteran el sistema hormonal; los perfumes que contienen sustancias alérgicas o almizcles sintéticos que son disruptores hormonales; el formol, un conservante alergénico que puede causar asma y que ha sido recientemente calificado como cancerígeno. Aunque su peligrosidad para la piel ha sido promulgada en informes y textos legales, aún hoy dichas sustancias no se han prohibido.

"Leer antes de usar" sería el lema a seguir si notamos que la piel se irrita tras la ducha, aparecen ronchas inesperadas en el rostro o en el cuerpo o nos pica el cuero cabelludo sin motivo aparente. Hay cosméticos cuyo uso debe ser consultado al dermatólogo antes de que las piel lo pruebe, como por ejemplo los que emplean derivados del ácido retinoico o hidroxiácidos en concentraciones elevadas.

A pesar de que las estadísticas reflejan un aumento de los problemas de reactividad y sensibilidad cutáneas y de que casi un 70% de la población alega problemas en este sentido en algún momento, no hay que desesperar, sino actuar. Una piel sensible puede normalizarse siempre que siga unos cuidados diarios adecuados a sus necesidades de higiene, hidratación y protección solar.

Si no existen alergias demostrables, lo que no siempre es fácil de constatar por lo complejo de las fórmulas cosméticas de hoy en día; ante cualquier síntoma de sensibilidad o intolerancia hay que suspender su uso e iniciar un protocolo de empleo progresivo, comenzando con los cosméticos de limpieza, prosiguiendo con los de tratamiento y finalizando con los de maquillaje.


El ritual de cuidados de una piel sensible o reactiva tiene varios gestos ineludibles para aumentar sus propias defensas y devolverles el equilibrio perdido. Comienza con la limpieza, que puede ser el paso más descuidado por la mayoría y sin embargo el más importante. Mañana y noche, sí o sí.

Es muy habitual renunciar al rito matutino por las prisas, pero es primordial aunque se haya realizado la noche anterior porque es durante el sueño cuando la piel aprovecha para deshacerse de las toxinas acumuladas. Hay que evitar el uso de limpiadoras con alcohol, tensioactivos agresivos (conservantes y agentes lavantes) y los movimientos bruscos sobre el rostro. Lo ideal es utilizar fórmulas especificas para pieles sensibles o intolerantes que se retiren con facilidad. Después, imprescindible una crema hidratante con factor de protección solar para el día y una calmante y equilibrante para la noche. Y un recurso infalible para calmar ardores e incomodidades cutáneas en todo momento: los vaporizadores con agua termal.

Por último. No hay que olvidar que los aditivos químicos también se camuflan en bebidas y alimentos y, si se alían con los choques térmicos, los rayos solares y el estrés, potencian la couperosis, las rojeces, la tirantez y la sensibilidad. Alcohol, café, té, platos precocidos y colorantes variopintos, cuanto menos, mejor.

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